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Sueño y vocabulario: qué pasa de noche con las palabras nuevas

Gráfico de barras: cuánto ayuda el sueño a las palabras nuevas. En 25 estudios, dormir superó a estar despierto para recordar, reconocer y aprender del todo palabras memorizadas. Un estudio con palabras aprendidas a partir de frases no encontró ninguna diferencia.
Dormir ayuda claramente a las palabras que memorizas. El único estudio que probó la lectura no encontró ninguna diferencia. Fuentes: Schimke et al. (2021), Psychonomic Bulletin & Review; Schimke et al. (2023), Quarterly Journal of Experimental Psychology.

Lucía lee una historia en inglés en el móvil, en Valencia, a las diez y media de la noche. Alguien le dijo que una palabra nueva se fija mejor si duermes con ella.

Para las tarjetas de vocabulario, el consejo se sostiene. Para las palabras que encuentra en la historia, el único estudio que lo comprobó no halló ninguna diferencia por dormir.

Eso no significa que el sueño no sirva cuando lees. Significa que la noche hace menos de lo que le contaron a Lucía, y que el día siguiente hace más.

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Qué le hace el sueño a una palabra nueva

En un experimento conocido de la Universidad de York, varias personas aprendieron palabras inventadas como cathedruke. Cada una sonaba casi como una palabra inglesa real, en este caso cathedral (catedral).

Las aprendieron rápido. A los pocos minutos reconocían cathedruke sin problema. Pero reconocer una palabra no es lo mismo que tenerla de verdad en tu vocabulario, y los investigadores tenían una forma ingeniosa de ver la diferencia.

Cuando oyes «cathedr…», tu cerebro empieza a adivinar el final antes de que acabe la palabra. Todas las palabras que conoces y que empiezan así entran en juego. Si cathedruke se ha convertido de verdad en una de tus palabras, también entra, y reconoces cathedral un poquito más despacio. El retraso es de unas milésimas de segundo, pero demuestra que la palabra nueva ya forma parte de tu vocabulario.

Quienes aprendieron las palabras a las ocho de la tarde no mostraron ningún retraso esa noche. A la mañana siguiente, sí.

Quienes aprendieron a las ocho de la mañana no mostraron nada por la tarde, tras 12 horas despiertos. El retraso apareció solo a la mañana siguiente, después de dormir.

Así que no contaron las horas. Contó la noche.

Piensa en una palabra nueva como en un pósit. Se escribe rápido y se pierde fácil. Mientras duermes, tu cerebro copia muchos de los pósits del día a tu vocabulario de verdad, donde duran. Esa copia es lo que detectó la prueba de la mañana.

Por qué las palabras aprendidas por la noche aguantaron mejor

La prueba de York mide algo que no notas. Un estudio alemán de 2006 midió algo que sí notas: cuántas palabras recuerdas al día siguiente.

Unos estudiantes de instituto estadounidenses aprendieron listas de 24 pares de palabras inglés–alemán, a las ocho de la mañana o a las ocho de la tarde. Los volvieron a evaluar un día o un día y medio después.

El grupo de la tarde olvidó claramente menos. Cuánto esperaron hasta el examen casi no importó. Importó lo pronto que durmieron después de aprender.

Seguramente conoces la costumbre del instituto: repasar la lista de vocabulario antes de dormir, la noche antes de un examen de inglés o de la PAU. Este estudio muestra que la costumbre tiene una base real.

Después, los investigadores pidieron a algunos estudiantes que pasaran la noche en vela tras aprender, viendo la tele y jugando. Todos durmieron al menos una noche completa antes del examen final, dos días más tarde. Los que se habían saltado la primera noche seguían recordando menos. El día del examen ya no estaban cansados, así que el cansancio no explica la diferencia. Fue la noche perdida la que les costó palabras.

Los grupos eran pequeños: 12 estudiantes en una prueba y 14 en la otra. Pero la investigación posterior les da la razón. En 2021, un equipo de Australia juntó 25 estudios con casi 1.400 adultos. Dormir superó a estar despierto en todos los tipos de prueba: recordar una palabra, reconocerla y la prueba al estilo de York, que muestra si la palabra ha entrado en tu vocabulario. Los dos primeros efectos fueron moderados. El tercero, menor.

Ahora fíjate en cómo aprendieron sus palabras las personas de esos estudios.

El estudio que probó la lectura

Casi todos las aprendieron de una de dos maneras. Unos oían sonidos sueltos, como cathedruke. Los demás veían pares, como en una app de tarjetas: una palabra y su traducción, una palabra y una imagen, una palabra y una definición. Casi nadie aprendió las palabras como te las encuentras en un libro.

Así que en 2023 el equipo australiano probó justo eso. Setenta y cuatro adultos jóvenes leyeron 20 palabras inventadas, cada una dentro de un par de frases en inglés, y tuvieron que deducir solos qué significaba:

The earth is shaped like a karok.
The children held hands and formed a karok.

(La Tierra tiene forma de karok. Los niños se dieron la mano y formaron un karok.)

La mitad lo hizo por la tarde y luego durmió. La otra mitad, por la mañana, y luego pasó el día despierta. Doce horas después, se evaluó a los dos grupos.

Los resultados fueron iguales. Dormir no marcó ninguna diferencia.

Los investigadores creen que deducir una palabra a partir de frases hace trabajar al cerebro de otra manera que memorizar un par, y depende menos de la noche. Otros laboratorios apuntan en la misma dirección. En uno, palabras nuevas entraron en el vocabulario en un solo día, sin dormir, cuando la práctica se repartió en el tiempo y se mezcló con las palabras reales a las que se parecían. En otro, ocurrió tras 20 minutos de entrenamiento.

No saques demasiadas conclusiones. Es un solo estudio. Solo comprobó si la gente reconocía el significado. Y las palabras eran inventadas, no de un idioma extranjero.

También hay datos que apuntan al otro lado. En un estudio de 2015, niños y adultos oyeron palabras nuevas en un cuento leído en voz alta, y al día siguiente esas palabras se habían asentado claramente. Pero en ese estudio nadie se quedó despierto en lugar de dormir, así que no se puede saber si hizo el trabajo la noche o simplemente el tiempo.

Así que dormir ayuda claramente a las palabras que memorizas. Para las que pillas leyendo, los datos son escasos y, de momento, sugieren que la noche importa menos. Nadie lo ha probado todavía con personas que leen en un idioma extranjero real.

¿Conviene leer antes de dormir?

Volvamos a Lucía. En la historia de esta noche aparece la expresión the small hours, las horas después de medianoche y antes del amanecer: la madrugada. Un panadero de Edimburgo empieza a trabajar a las cuatro, in the small hours.

Lucía no tiene que cambiar nada. Leer por la noche no es un error. Simplemente no le da un extra.

Si además repasas palabras guardadas o tarjetas, haz esa parte por la noche. Ahí es donde más ayuda el sueño, y un repaso corto no necesita una mente fresca.

Lee a la hora en que de verdad vayas a leer. Nada en la investigación dice que muevas tu lectura a la noche, y nada dice que la dejes si la noche es tu único rato libre.

Lo único que conviene evitar es acostarte más tarde para estudiar más. Acuérdate de los estudiantes que se saltaron una noche: dos días después, ya recuperado el sueño, seguían recordando menos palabras.

Y olvídate de las apps que te ponen vocabulario mientras duermes. En el laboratorio, las palabras reproducidas durante el sueño ayudaron a la gente a conservar palabras que había aprendido esa misma tarde. Nada en esta investigación muestra que así se aprendan palabras nuevas.

Cómo aprovechar la mañana siguiente

El sueño hace otra cosa útil: a la mañana siguiente te muestra qué palabras se han quedado.

Abre la historia de ayer y mira las palabras que marcaste. Algunas te vendrán enseguida. Esos pósits pasaron a tu vocabulario durante la noche. Otras te sonarán, pero el significado no llegará. Esas siguen siendo pósits.

No las memorices. Vuelve a encontrarlas en una frase. Relee la historia de ayer o genera una historia nueva a tu nivel con las palabras que se te escaparon. Así es como aprende palabras quien lee: la misma palabra, una y otra vez, en frases distintas.

Lucía se encuentra the small hours el lunes, con el panadero. El miércoles la vuelve a ver en un taxi que lleva a alguien a casa tras una larga noche de fiesta. Ahora la expresión viene con dos escenas, no solo con una traducción.

Cada noche copia unos cuantos pósits más, y las palabras de las historias no dependen de una sola noche. Si duermes mal una noche, esas palabras probablemente sigan ahí. Si te saltas el siguiente encuentro con ellas, probablemente no.

Así que esta noche lee cuando te venga bien y acuéstate a tu hora. Mañana, antes de nada nuevo, abre la historia de ayer y cuenta las palabras que te vinieron solas. Luego relee las frases con las que no.


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