Interés por el tema: por qué los textos aburridos te enseñan menos palabras

Gráfico de barras de cuatro estudios según el número de participantes. Tres estudios de vocabulario encontraron más palabras aprendidas con el texto interesante. Un estudio de comprensión no encontró un efecto significativo.
En tres estudios de vocabulario, los lectores aprendieron más palabras con el texto interesante. Un estudio de comprensión no encontró un efecto significativo. Fuentes: Lee y Pulido (2017); Cancino (2021, 2023); Carrell y Wise (1998).

Leíste todo el texto del libro de inglés. Era sobre el tratamiento del agua, estaba a tu nivel y buscaste cinco palabras por el camino. Lo entendiste de principio a fin.

Dos días después no recuerdas ninguna de esas cinco palabras. No eran especialmente difíciles. El texto era aburrido, y el aburrimiento no solo hace que la lectura parezca lenta. Cambia cuántas palabras te quedan.

La mayoría de los consejos tratan el interés como un extra agradable: lee lo que te guste y no lo dejarás. Es cierto, pero se queda corto. Cuando los investigadores mantuvieron todo lo demás igual, el texto interesante enseñó más palabras, y la diferencia seguía ahí un mes después.

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Qué pasó con un texto aburrido y uno interesante

En un estudio publicado en 2017, Sunjung Lee y Diana Pulido dieron a 135 coreanos que estudiaban inglés dos artículos breves de tipo informativo. Uno trataba de un tema que les interesaba. El otro, de un tema que no.

Los investigadores hicieron los dos textos lo más parecidos posible en todo lo demás. Los dos temas eran conocidos, así que ningún texto daba ventaja de conocimientos previos. Las palabras nuevas de cada texto estaban emparejadas: la misma mezcla de sustantivos, verbos y adjetivos, la misma longitud, el mismo equilibrio entre lo concreto y lo abstracto. Dos semanas antes de leer, los participantes hicieron una prueba con las 30 palabras objetivo, para saber cuáles eran realmente nuevas.

Después de la lectura llegaron las pruebas sorpresa. ¿Reconoces esta palabra? ¿Puedes elegir su traducción? ¿Puedes escribir tú la traducción? Cuatro semanas más tarde, repitieron todas.

Ganó el texto interesante. Los participantes aprendieron significativamente más palabras nuevas con él, y cuatro semanas después la diferencia seguía ahí.

Un detalle hace que el resultado sea difícil de descartar. Los mejores lectores aprendieron más palabras en total, como era de esperar, pero la ventaja que daba el interés fue la misma para los fuertes y para los más flojos. No hace falta tener un nivel avanzado para que el tema importe.

Un estudio es solo un estudio. Otros dos, realizados en Chile por Marco Cancino, apuntan en la misma dirección. En 2021, 55 estudiantes universitarios aprendieron más palabras con el texto que les interesaba. En 2023, con 96 adultos y un diccionario en línea a mano, Cancino encontró lo mismo en cada prueba y en cada intervalo: más palabras aprendidas, más palabras retenidas.

O sea, el interés ayuda. La pregunta difícil es cómo. Encuentras palabras nuevas en los dos textos. ¿Qué hace tu cerebro de forma distinta con ellas?

Por qué un texto interesante te enseña más palabras

El estudio de Cancino de 2023 traía una pista incorporada. Los lectores podían buscar palabras mientras leían, y los investigadores registraron cada búsqueda.

Cuando el texto era interesante, una parte mayor de las palabras aprendidas eran palabras que la gente había buscado. El interés no solo los ponía de mejor humor. Cambiaba lo que hacían al encontrar una palabra desconocida. Se paraban a comprobarla.

Piensa en Pablo, en Valencia, que lee dos historias en inglés. Una trata de un club de fútbol inglés al borde de la quiebra, y Pablo sigue el fútbol. La otra cuenta la historia de una línea de ferrocarril. En la historia de fútbol se encuentra con debt, deuda, en el segundo párrafo. Toda la trama depende de ella, así que la comprueba. En la del tren se encuentra con siding, decide que será alguna parte de la estación y sigue leyendo. No es un vago. Simplemente no le importa lo bastante la frase como para que le importe la palabra.

Un estudio más antiguo de psicología educativa apunta en la misma dirección. En 2002, Mary Ainley, Suzanne Hidi y Dagmar Berndorff pusieron a alumnos de Australia y Canadá a leer cuatro textos informativos y siguieron lo que pasaba durante la lectura. El interés por el tema predijo cómo se sentían mientras leían. Cómo se sentían predijo si seguían con el texto. Y seguir con él predijo lo que aprendían.

Pon los dos resultados juntos y sale una cadena sencilla: el interés te mantiene en el texto y te lleva a comprobar las palabras que importan. Esa cadena es mi lectura de los estudios, no algo que ninguno demuestre por sí solo. Pero encaja con lo que encontró la investigación sobre textos paralelos: las palabras se quedan cuando tu atención vuelve a la palabra. El interés es una de las pocas cosas que la mandan ahí sin que tengas que forzarte.

Suena a historia redonda. Los datos no lo son tanto.

Dónde las pruebas son más débiles de lo que parecen

Empieza por a quién se evaluó. Los tres estudios de vocabulario se hicieron con personas que aprendían inglés y leían artículos informativos breves, cada estudio en un solo país. Nadie ha probado todavía esto con alguien que lee una novela en inglés durante un mes. La dirección es la misma en los tres. Lo grande que sería el efecto para ti, estos estudios no lo pueden decir.

Luego hay un estudio que no lo encontró. En 1998, Patricia Carrell y Teresa Wise evaluaron a 104 estudiantes extranjeros que aprendían inglés en una universidad estadounidense. Cada uno leyó textos con todas las combinaciones de interés alto o bajo y conocimientos previos altos o bajos, y luego respondió preguntas de comprensión.

El interés apuntó en la dirección correcta, pero el efecto no fue significativo. Tampoco lo fue el de los conocimientos previos. Las autoras sugieren que los dos estaban enredados entre sí y que ese enredo pudo ocultar el efecto de cada uno por separado.

Aquel estudio medía la comprensión, no el vocabulario, así que no contradice directamente a los otros tres. Aun así, es un aviso útil. Normalmente te interesa aquello de lo que ya sabes algo, y eso hace que el interés sea difícil de separar del conocimiento. Precisamente por eso Lee y Pulido eligieron dos temas conocidos.

Hay un patrón más que aparece en tres sitios distintos. En el estudio de Lee y Pulido, los chicos aprendieron menos palabras que las chicas con el texto aburrido. Carrell y Wise vieron que a los lectores varones el interés les afectaba más que a las lectoras. Y una revisión de 1993 de 21 estudios sobre interés y rendimiento escolar encontró que la relación entre ambos era más fuerte en los chicos.

Ninguno de estos estudios explica por qué. Quizá a algunos lectores les cuesta más tirar de un texto que les aburre. Sea cual sea el motivo, si te reconoces en esta descripción, elegir lo que lees no es un lujo. Es la mayor parte del trabajo.

Lo cual lleva a la pregunta obvia. Si el interés importa tanto, ¿puede hacer más fácil un texto difícil?

¿Puede el interés hacer más fácil un texto difícil?

Solo hasta cierto punto.

El interés no cambia las palabras de la página. Si un texto tiene tres palabras desconocidas en cada línea, no lo vas a seguir, por mucho que te guste el tema. La curiosidad puede ayudarte a superar algo de fricción. No puede darte un significado que no tienes. El interés hace que un texto a tu nivel enseñe más. No convierte un texto por encima de tu nivel en uno a tu nivel.

También hay una trampa al otro lado. A Javier le gusta el ajedrez, así que decide leer en inglés solo sobre ajedrez. Durante unas semanas funciona de maravilla. Las mismas palabras vuelven una y otra vez, y pronto se las sabe de memoria. Entonces se da cuenta de que puede explicar una apertura en inglés, pero no describir su propia cocina. El interés eligió su tema. No eligió el vocabulario que necesitará el lunes por la mañana.

La solución no es renunciar al interés. Es dejar que la vida cotidiana entre en los temas que te gustan. Una historia sobre un torneo de ajedrez sigue teniendo un hotel, un tren, una mala cena y una discusión con el compañero de habitación.

Cómo elegir qué leer

Haz la prueba del idioma materno. Antes de empezar una historia, hazte una sola pregunta: ¿leería esto si estuviera en español? Si la respuesta es no, la historia te cuesta palabras antes de abrirla.

Deja de leer historias aburridas. Terminar un texto que te da igual parece disciplina. Según estos datos, es de las lecturas menos productivas que puedes hacer. Ciérralo y elige otro. Nadie te pone nota por terminarlo.

Elige el tema con el mismo cuidado que el nivel. El nivel decide si puedes leer un texto. El tema influye en cuánto te queda de él. Seguramente eliges con cuidado lo primero y dejas lo segundo al azar.

Separa la lectura de examen de la tuya. Los textos de la PAU o de los exámenes de Cambridge los eligen por ti, y a veces son aburridos; eso no se puede cambiar. El resto de lo que lees en inglés es tuyo. Ahí elige solo lo que te interese, para compensar.

Fíjate en dónde te paras a comprobar. Si solo buscas palabras en algunas historias, esas son las que te interesan. Las palabras que compruebas son las que tienes más probabilidades de retener, que es justo el patrón de los datos de Cancino.

Mete la vida diaria en tus intereses. Si te gusta el fútbol, lee sobre el partido, pero también sobre el jugador que se muda a otra ciudad, alquila un piso y se pierde en el metro. Tienes el interés y las palabras de cada día en la misma historia.

Durante años, el consejo ha sido leer a tu nivel, y es un buen consejo. Pero es solo la mitad. Las mismas palabras, encontradas en una historia que de verdad te interesa, son palabras que seguirás teniendo el mes que viene. Genera tu primera historia bilingüe a tu nivel, sobre algo que leerías de todos modos, y mira cuántas de sus palabras siguen contigo la semana que viene.


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